Vale o que vale esta foto.
sexta-feira, 5 de abril de 2013
A obra do Wenders
quarta-feira, 26 de julho de 2006
Lembrando que Lardeau quase escreveu um livro sobre Cimino para a editora dos Cahiers
Nagisa Oshima, Pier Paolo Pasolini, Rainer Werner Fassbinder, estos tres cineastas imprimieron su huella en el cine de los años setenta y es probable que esta década pase a la historia del cine como la suya. Gishiki, Porcile, Die dritte Generation, Deutschland im Herbst, Oshima, Pasolini, Fassbinder: los tres proceden de países que han engendrado el fascismo y perdido la guerra. Los tres son cineastas de la no reconciliación, del rechazo del olvido. Los tres han llevado a la pantalla el desgarro interno de las familias, la rebelión de los hijos contra los padres y la imposibilidad de estos padres de mantenerse en su papel después de tantas atrocidades cometidas en su nombre durante la guerra. Los tres critican tenazmente en su obra la negación del pasado, base sobre que la Alemania, Japon o Italia reconstruyeron su industria e instauraron los principios democráticos de gobierno. Los tres han visto en esta negación, en el hipócrita silenciamiento del pasado, el fracaso de la democracia venidera, el escollo en el que ésta habría de tropezar, incluso antes de su restablecimiento: la mayoría se somete dócilmente a las reglas de la democracia, porque le han dicho que ése es el camino del bien, igual que anteriormente se había sometido ciegamente a la caprichosa voluntad de un déspota. En ambos casos, el poder es exterior, trascendente y arbitrario. Oshima, Pasolini, Fassbinder, los tres han visto, en esta aceptación dócil del orden dominante, al mismo tiempo una amenaza permanente para la democracia y una promesa tácita de retorno, si no del fascismo propiamente dicho, al menos de una sociedad totalitaria.
Mamma Roma, Seishun Zankoku Monogatari, Liebe ist kälter als der Tod, Götter der Pest, las obras de Fassbinder, de Pier Paolo Pasolini y de Nagisa Oshima comienzan igualmente con la descripción de los bajos fondos. Ya sea la miseria de la prostitución, ya la ira y la desesperación del proxeneta, la soledad del trabajador inmigrante griego, turco o italino en Alemania, coreano en Japón, procedente de Friuli en los suburbios de Roma, los tres han criticado la sociedad, han expressado su rebelión fuera de los caminos trillados de la lucha de clases, no según el esquema clásico del proletariado contra la burguesía, sino a partir de la marginación, de las minorías, de los rechazados y de los excluidos de la sociedad - del lumpenproletariat -, y han denunciado una sociedad cuya cohesión radicaba en el rechazo, en el odio exacerbado al Otro, en cuanto éste era distinto por su origen, du conducta o su sexualidad.
Los tres son cineastas del deseo, a la vez como pulsión, como energía y como determinación, contra el que viene a romper, a encallar, cualquier norma social. Los tres han visto en el deseo un doble límite a la sociedad, a la vez como expresión radical de la subjetividad y como violencia natural, como fuerza destructora, como potencia aniquiladora de la sociedad que ésta ha de reprimir para poderse desarrollar. Oshima, Pasolini, Fassbinder, los tres han filmado el deseo en su relación con la norma, en su carácter irreductible frente a esa norma - como potencia de la negación (El imperio de los sentidos, Desesperación). Los tres han articulado el fascismo con el deseo, han visto en él una forma específica, patológica, de la perversión de la ley. El fascismo es consecuencia de la negación del deseo, de que se reniegue de él por pánico, de su retorno en forma negativa, mortífera, totalmente vuelta hacia la destrucción del Otro y, a través del Otro, de uno mismo.
Para Griffith, Vidor, Ford o más recientemente Cimino, la Historia es resultado de la lucha en defensa de unos ideales y de trayectorias individuales. Para Eisenstein, para Brecht, para Lang y, más recientemente, para Jean-Marie Straub, es fruto de la lucha de clases, de un enfrentamiento de masas. Para Vertov, para Rossellini, y tambiém para Jean-Luc Godard, es consecuencia de un conflicto entre una incomunicación, un malentendido fundamental entre los seres humanos, y una comunicación generalizada, planetaria. Para Nagisa Oshima, para Pier Paolo Pasolini, para Rainer Werner Fassbinder, nace de um rechazo del Otro, de una tendencia de la sociedad a organizarse en castas y de un agujero abierto en este sistema por la energía incontrolada del deseo, lugar geométrico del sujeto. Nagisa Oshima, Pier Paolo Pasolini y Rainer Werner Fassbinder encarnan en el cine el último proyecto original, coherente, consecuente y logrado de una visión de la Historia, el último intento de un cine que cuestiona la sociedad.
Yann Lardeau, Rainer Werner Fassbinder
quinta-feira, 5 de janeiro de 2006
Holy Whore: Remembering Rainer Werner Fassbinder
"The best thing I can think of would be to create a union between something as beautiful and powerful and wonderful as Hollywood films and a criticism of the status quo. That's my dream, to make such a German film."
"It isn't easy to accept that suffering can also be beautiful... it's difficult. It's something you can only understand if you dig deeply into yourself."
"...[H]omosexuals have been very self-pitying, and also most of them are dominated by a sense of shame, which the Jews haven’t had. The Jews have never been ashamed of being Jews, whereas homosexuals have been stupid enough to be ashamed of their homosexuality."
"All in all, I find that women behave just as despicably as men do, and I try to illustrate the reasons for this: namely, that we have been led astray by our upbringing and by the society we live in."
"Since I'm not a second Marx or Freud who can offer people alternatives, I have to let them keep their own wrong feelings. And I don't believe that melodramatic feelings are laughable—they should be taken absolutely seriously."
"I'm always having the feeling that I don't want to do it [make films] anymore at all, that I'd like to take a break for a year or so, and then, when the first week of that year is up, I can't endure it anymore after all...."
quinta-feira, 29 de dezembro de 2005
La Troisième Génération
CinéCinéma Auteur, 0 h 05.
par Louis SKORECKI
Depuis une semaine, Caroline veut qu'on l'appelle Carlotta. Elle dit avoir trouvé la tombe de Carlotta Valdès au Père-Lachaise, sous un saule pleureur. C'est qui, Carlotta Valdès ?, demande David. Kim Novak dans Vertigo, répond sèchement Caroline. Pas Caroline, dit Caroline, Carlotta. Comme ceux qui éditent les Fassbinder en DVD ?, demande David. Non, dit Caroline... pardon Carlotta, comme ceux qui les ressortent au cinéma avant d'en faire des DVD. Des DVD aussi beaux que toi, dit David. Carlotta rougit un peu. Je lui demande quel est son Fassbinder préféré. Il y en a tant, répond-elle, mais je crois que c'est la Troisième Génération, qui fait partie du superbe coffret Carlotta. Tu sais que c'était le Fassbinder préféré de Biette ?, dit David. Comment tu sais ça ?, demande Caroline... pardon Carlotta. C'est monsieur Edouard qui me l'a dit, répond David.
Dès qu'on prononce son nom, à croire qu'il a des espions dans la maison, monsieur Edouard déboule au quart de tour. Vous parliez de Biette ?, demande-t-il. C'est ça, répond David. Vous m'avez bien raconté que Biette aimait beaucoup la Troisième Génération ? Il l'adorait, vous voulez dire, répond monsieur Edouard. Il ne préférait pas Pasolini ? demande Caroline... pardon Carlotta. Pas du tout, répond monsieur Edouard ; il n'était pas fou de Pasolini, il l'admirait comme écrivain, essayiste, poète, pas comme cinéaste. C'était Toto qu'il adorait. Ah bon, dit David, c'est curieux. Il a travaillé avec Pasolini, continue monsieur Edouard, mais ça ne veut pas dire qu'il était pasolinien. Je crois même que sa sensibilité était plus fassbindérienne. Ah bon, dit David, je n'en savais rien. Biette était discret, répond monsieur Edouard ; Fassbinder, c'était comme Welles pour lui, le Welles de Falstaff évidemment. L'humanité ?, demande Carlotta. C'est ça, répond monsieur Edouard.





